16 de febrero de 2018

Copenhague 1 - Atleti 4. Ya sé que no es Champions ...


Es Europa League (no lo he discutido en ningún instante), pero oyes, que el garito también tiene personal de nivel. Que si Milán, que si Napoli, que si Arsenal, que si Dormund, que si el Lyon … más los de aquí, claro. Obvio, no es Champions, no me lo digan más. Pero es lo que tenemos, y la ilusión, como siempre digo, es ver a nuestro Atleti. El rival no deja de ser un simple mal necesario.

De primeras, lo que ha cambiado el Atleti. Fíjense el llenazo que había ayer, ese esplendoroso tifo con fuegos artificiales y bengalas, cómo no dejaron de animar un solo instante al equipo local los oriundos de allí, nuestros 400 heroicos desplazados ... Que sí. Que no es Champions. Pero el ambiente sí que lo fue. Y ya saben quién es el culpable de de todo esto. Lo saben. Sé que lo saben. Si. Acertaron. Un tal Cholo Simeone. Da gusto ver que uno ha recuperado su status social en Europa. Juegue en la puta Competición que juegue (vaya mañanita que me llevan, por Dios).

Que siiiiiiiiiiiií. Que ya sé qué no es Champiooooons. Pero el Atleti hizo un partidazo ayer como a mi me gustaría siempre verle: dominante, mandón, manejando el balón a velocidad de vértigo, con las bandas del rival convertidas en autopistas del Infierno rojiblanco. En apenas 12 minutos, ya pudo marcar un hiperactivo toda la tarde Griezmann hasta en 3 ocasiones (mano a mano incluido). También lo pudo hacer Saúl. Y hasta Koke. Pero, hete aquí, caprichos del destino, supongo, en la primera que llega el entusiasta equipo danés, Thomas (descomunal toda la noche a pesar de esto) pasa de tirar el fuera de juego y se queda tomándose un café en línea de fondo, habilitando a nuestro amigo Fisher para que, de habilidoso taconazo a bocajarro, batiese al bueno de Muy bien Moyá. 1-0. Uno no sabía si sacarse los ojos con las manos. ¿Pero no resultaba que esto no era Champions?

Que nooo. Que no es Champions, leñe. Que solo 6 minutitos más tarde, Saúl cabeceaba a placer un centro de Antoine desde la banda, poniendo el empate a uno en el marcador. Uff. Suspiro. Pensé que estaba viendo otra cosa.

Está claro que no era Champions, pero no dejó de ser prodigiosa la jugada que nos llevó a adelantarnos en el marcador, en una espectacular internada del entusiasmante Lucas, que hizo la pared con Griezmann (taconazo con caño incluido, recurso  técnico pletórico del francés) y cedió el balón para que Gameiro fusilase a placer. 1-2, minuto 36. Y empezó a llover, y a nevar. Más épico, con mucha más poesía rojiblanca. No era Champions, ya, pero el descorado era sencillamente esplendoroso. Enamorado del Atletiiii … No lo pueden entenderrr …

En la segunda parte, más de lo mismo. ¿Otra vez? Qué sí, que la defensa del Copenhague es menos firme que la de Granados y sus chanchullos, indigna de un equipo de Champions (y hasta de Europa League, si me apuran) pero llegaron a rematarnos una vez al palo y todo, en remate de un tal Pavlovic. Menos mal que el Atleti ni se inmutó, más bien los contrario,  mientras Griezmann disfrutaba como un nene que veía por primera vez la nieve. Y juguetaba, y juguetaba, y volvía a juguetear con su pelota, hasta aprovechar un espléndido pase en profundidad de Carrasco para batir son suma tranquilidad a Robin Olsen, el Robin Hood de Dinamarca, que ayer andaba de vacaciones. 1-3, un resultado muy poco de Champions, la verdad.

Y para rematar la fiesta, marcó hasta Vitolo, en brillante acción individual, poniendo el 1-4 definitivo, y sentenciando la eliminatoria. Al próximo que me lo repita le meto … Es que le meto. Y dale con la Champions. Y dale Perico al torno, que panda de plastas, por Dios. Ya sé que no es Champions, pero me da igual. Ayer me divertí hasta pasármelo pipa, disfruté viendo a mi equipo y se me pasó el tiempo volando viendo como, a su vez, volaban los míos a velocidad de Concorde rumbo al paso para la siguiente ronda de la Europa League (no quiero saber nada de la palabra Lyon de momento, ya perdonarán). Está claro, me lo tatúo: Ya sé que no es Champions …

11 de febrero de 2018

Málaga 0 . Atleti 1. Humm ... Te perdono.


Y no precisamente por el gol que marcaste según apuraba mi primer traguito de rigor a mi delicioso Gin-Tonic (lo mejor de la tarde, y con diferencia), tras aprovechar un rechace en un remate de Saúl, que tropezó en la mano de colchonerito Keko, y que sirvió para que marcases a placer ante Roberto (parecía fuera de juego, yo lo pensé, ya saben, cuando pienso …). No. Tan asquerosamente resultadista no soy. Más bien fue porque creo comprendiste que, lo más importante, lo más sagrado, lo que realmente mantiene y alimenta todo este espectáculo cada día más grotesco, deleznable y artificial, por otro lado, somos nosotros, la gente. Y, especialmente, es ese crío, el Cholito Barberá, que ahí se encontraba, en ese tercer anfiteatro, sentado en las piernas de mi mami, celebrando los dos, al unísono, ese tanto como si fuese el último de su vida. Como siempre se tienen que celebrar los goles del Atleti. Recuerden, la muerte nunca es el final.

Y el Atleti, mientras tanto, jugó un aseado (sin fuegos artificiales) primer tiempo. Tuvo el balón en su poder, dominó el mismo prácticamente de cabo a rabo, apenas generó alguna situación de peligro más, eso sí, pero bueno, uno ya, con verles tocar el balón con sentido, con contemplarles dominar el encuentro en el campo contrario, y con ver algún chispacejo de vez en cuando, ya se conforma. Uno es humilde, uno es del Atleti.

El Málaga, probablemente, en este primer tiempo, se temió una ciclogénesis rojiblanca tras nuestro tempranero chicharro, que nunca terminó de llegar, así que, al menos, les permitió llegar con vida al descanso. Dio una pequeña muestra de vida en el área de Oblak, eso sí, en un remate de cabeza de Ideye tras centro de Rosales, que uno vio más dentro que fuera, la verdad. De inmediato, y tras ver la resolución de dicha acción, pillé el teléfono y ya tengo mi cita para ópticas San Gabino, que la cosa cada día anda peor.

¿La segunda parte? Pues no sé. Os podría contar un cuento, alguna aventura de mis múltiples viajes con el Frente, también podríamos pensar en la importancia que tiene la subida del precio de las acelgas en la reelección del candidato a la vicepresidencia del BCE, o, directamente, decir que, en el fondo, esta forma de jugar estos periodos el Atleti, dan que pensar y los puede dedicar uno a meditar sobre su próxima novela, sobre si cómo le sentaría mejor el corte de pelo a una muñeca hinchable, quizás establecer el eterno debate sobre si la tortilla de patatas debe de llevar cebolla o no, o si los pelos en los sobacos en las pibas son un elemento claramente erótico (de hecho, por extraño que les parezca, a mi me ponen cantidad el ruido que hacen las susodichas al andar en verano con chanclas, esa especie de azotillo en cada paso … Ayyyyy).

El Málaga, por su parte, pasó de ciclopollas en vinagre, mandó al carallo el gorro de invierno, los guantes, la braguita y el plumas, y salió a morder, y con ganas. Pero, entre el gran Giménez (imagino que todavía habrá algún iluminado que siga prefiriendo al señor de la Uña antes que a él, apuesten sin temor, apuesten) y super Oblak, que sacó una mano de las suyas (mano cambiada, por cierto) tras extraordinario lanzamiento de falta de un tal Rosales (Rosales, la Rosaleda … todo encaja), nos sirvió para que apenas tampoco nos desviásemos los aficionados que tan apasionadamente seguíamos semejante evento deportivo en exceso en la serie de pensamientos tan profundos que les he relatado en el párrafo anterior. El pobre Diego Costa, de hecho, fijo que se sumó al Club de los pensadores pensantes, aburrido y hastiado como pocos de no tener muy claro qué coño pintaba ayer en el terreno de juego. Le sustituyó Torres (buenos minutos de nuevo del Niño) que le cedió una excelente contra a Correa con la que pudo sentenciar. Sin embargo, nuestro coche de choque favorito, demostró una vez más que entre las cosas que le dicta su cerebro y su movimiento posterior del cuerpo, hay de vez en cuando una auténtica descoordinación. Su mente piensa una cosa, su cuerpo ejecuta otra. Da igual. Cada día me resulta más adorable Don Ángel Correa.

Nada más. Por lo menos, el Barsapasta sabe que allá, a lo lejos, cabalga la muchachada rojiblanca. Ni de coña los vamos a pillar, pero bueno, si, mientras tanto, vamos cerrando viejas heridas, de algo servirá al final todo esto. Lo dicho, te perdono, Antoine.

EL CRACK DEL PARTIDO:
Se notó Filipe, más entonado Koke, fenomenal Griezmann, que ya que el equipo no ataca ni cuando se equivoca, al menos se anda sacando un Máster del arte de defender (su esfuerzo ayer fue más que aplaudible) y uno de mis intocables, el gran Josema Giménez, que, aparte de que corta todo lo habido y por haber, cada día saca con más sentido el balón jugado de sus pies. Añádenle el de siempre. Por supuesto. Don Jan Oblak.

LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO:
El pobre Costa, que acabó sentado en mi sofá analizando todos mis extraños pensamientos de la segunda parte.

ÁRBITRO:
Ese caballero tan originalmente denominado Sánchez Martínez (difícil acordarse, asúmanlo). Para mi que se come un penalti muy parecido de Rober sobre Josema al que cometió la semana pasada Neto sobre Godín, pero nada, que siga la barra libre. Por lo demás, sin complicaciones.

TERMÓMETRO ROJIBLANCO (+ 2 GRADOS).
Ni de coña lo toco por tan excelsa y glamourosa victoria, amos … Áyanse ustedes a freír espárragos rojos.

Y, el jueves, la Europa League. Visto que en la Copa del Rey nada de nada, pues hombre, todo suma ¿No? Además, recuerden: la importancia aparte de la prestancia de los torneos siempre, siempre, la da la presencia de Club Atlético de Madrid, así que “Volveremos volveremos, volveremos otra vez …”

5 de febrero de 2018

Atleti 1 - Valencia 0. IX (por decir algo) Edición de los Premios Poya 2019-


Digo yo que, con todo el dineral que les pago, alguien sabrá por qué diablos de edición vamos, ¿No? He puesto nueve, como podía decir 15, o cuatro … ¿Qué se yo? No se merecen ustedes ni el aire que respiran, miserables. En fin. Presentemos la nueva edición de los Premios Poya, impregnados de calimotxo, verduras, zumo de papaya, ron, caldo sideral y guindillas al natural. La rojería, deje de hacer el papanato sin fronteras, como suele ser norma de la casa, por favor. Empecemos:

Premio Poya 2018, Mejores Efectos Especiales, a Tebas, por: “Viaje en el tiempo, la Maldición de la Bruja Vikinga”. Quién diría que ayer se jugó un encuentro de la liga Española. Ya saben los topicazos: sol ,calorcito, sangría, gafas obscuras … su puta madre. He de reconocer que los aficionados alemanes disfrutaron mogollón el partidito de ayer. Y los esquimales rojiblancos, ni les cuento. Como alguien me diga que ayer no hacía frío polar, glaciar o no tuviese sensación de ser un puto merluzo metido en un congelador del orto, que enmudezca para siempre. El próximo tifo: “un pingüino por cada latido”.

Premio Poya 2018, Mejor Dirección de producción, a los currelas que cuidan el césped del Estadio Wanda Centro Comercial Metropolitano, por: “El Jardinero fiel”. Con todo lo que cayó ayer durante todo el día en Madrid (y en ese puto barrio, aún aderezado con más frío y nieve, si cabe), es brutal que el césped, del principio al fin, presentase el estado tan impoluto como se encontraba. Qué se ría el baboso de las alfombras Martínez. Estos, sí, son “muy amables” pero además, hacen su trabajo de putísima madre.

Premio Poya 2018, Mejor Actor Protagonista, a Correa, por: “El resplandor”. Angelito Correa es de esos tipos como Jack Nicholson. Uno le ve el campo, parece un tipo afable, blandito, demasiado cariñoso, demasiado tranquilito … A veces anda con gallaría. A veces tropieza con los dientes del pobre Godín. Es así. Imprevisible, desconcertante, genial, el hijo del Doctor Bacterio, pero sin barba, un tipo peculiar, extraño, roza la psicopatía por momentos … Pero … ¿Qué más da? De repente, le da por interpretar a Freddy Kruegger, controla el balón de primeras a media vuelta en un giro de cintura brutal de necesitad, y así, como el que se hace una bolsa de palomitas en el microondas, él lanza un zurriagazo letal desde fuera del área que se cuela como un misil en la escuadra defendida por el odontólogo del año. Versus Neto. Es un gol tan impredecible como espectacular. Angelito, ¿Qué podemos hacer contigo?

Premio Poya 2018, Mejor Cortometraje Documental, al Valencia, por: “El silencio tras el disparo”. Humm … Disparo. ¿Qué disparo? El orden, el concierto, el saber estar, el dejar de ser una banda de poligoneros de Malvarrosa, está muy bien. Es un magnífico comienzo, de hecho. Ahora llega la segunda parte. “Disparo letal”. Al menos, uno que llevarse a la boca (¡y dejad al pobre Godín en paz, miserables!). Pero vamos, que ya, para otra ocasión. No sufran.

Premio Poya 2018, Mejor Actor Europeo, a Kondogbia, por, “El Sargento de Hierro”. Hacía tiempo que un rival no me gustaba tanto. Me pareció un Iron Man, indestructible, imparable, siempre sabiendo lo que hacer con el balón, y, lo que es mejor, jamás perdiendo el mismo, por más rivales que le atosigaran sin parar. En la segunda parte se diluyó un poco, pero la primera … Ayyy, la primera. Para enmarcar.

Premio Poya 2018, Mejor maquillaje y peluquería, a Neto, por, “La vida secreta de un dentista”. ¿Premio extraño, me cuentan? Pregúntenle al pobre Diego Godín, Diego Godín, Diego Godín Diego Godín … pregúntenle. Fue fulminante el menda. En unos pocos segundos, pasó de cenar Asado rumiando los huesos, a sopita, y sin tropezones, por favor. Triplete al canto. 3x1. Precio “Neto”, animalote bruto (sin retención, eso sí).

Premio Poya 2018, Mejor director novel, a “Griezmann”, por, “Antoine, el loro Bocazas”. No sabes en dónde te has metido, chaval. Aféitate con tu espumita, lávate con tu mejor champú perfumado, dedícale canciones de Poco-Yo a tu cría, vete al Manchester, al Madrid, al Barsapasta, al Bolullos, pero siempre … SIEMPRE, respeta a tu gente, puto retrasado, que es la que te da comer con sus abonos, con sus entradas, pasando frío como ayer, o calor, o calándose vivo muertos de frío, agua y nieve mientras solo te ven durante 90 minutos de juego en una ocasión para joder una contra cojonuda por echar el balón a atrás. Te he defendido hasta lo indefendible, pero tocaste hueso, amigo. Te quiero ver lejos. Muy lejos. Y, créeme, contribuiré a partir de ahora en todo lo que pueda desde la grada para que así lo sea. Adiós, Niñato, adiós …

Premio Poya 2018, Mejor Película, al unísono, tanto a los desplazados al Metropolitano del Atleti, como los valencianos (que, aún, más mérito tiene, si caben, que lo tienen, qué hostia puta) por “Los Soldados del Invierno”. Hay que querer mucho, pero mucho, a nuestros respectivos equipos para ir a ver un partido así, en las condiciones que ayer había en Madrid. Y os lo dice uno que no fue al final, pero que es lo que más quiere en este mundo. De verdad, gracias, Valencianos y Atléticos, porque de vosotros será el reino de los cielos. De ovación y vuelta al ruedo.

Premio Poya 2018, peor director, a Don Iglesias Villanueva (alias, Don Pablo Mármol, y lo sabe) por “El despropósito”. De primeras, como premio al atraco que le hizo al Alavés frente a un tal Barsapasta, le dan como premio este encuentro. Anecdótico, qué duda cabe. Del penalti del dentista sobre el nuevo cliente uruguayo de Vitaldent ni les hablo, claro. De la clara expulsión de Gabi por doble tarjeta, tampoco. Pero mira qué son malos, coño …

Premio Poya 2018 Mejor guión Original, al Termómetro Rojiblanco por: “El amor no se mueve”. Sigue ahí. Fiel. Imperdurable. Rocoso. Pero con sus 2 graditos inamovibles. Váyanse a freír espárragos los traidores, váyanse …

Y, el domingo, a Málaga. Don Dami Fernández (http://elpatodelmanzanares.blogspot.com.es/) tiene usted una misión transcendental dónde las haya. Escriba sobre nuestro Escudo para relatar nuestra Victoria. Con su sangre si es menester. Todos somos Dami Fernández. “¡Nos vemos en la grada!”.

29 de enero de 2018

Atleti 3 - Las Palmas 0. El reencuentro de un viejo amigo.


¿Qué pacha, socio? ¿Cómo te va la vida? Ya era hora que aparecieras, mamonazo. Anda que no llevo tiempo echándote de menos. Llevo casi tanto como prácticamente el que ha transcurrido para ver que el Atleti (tu equipo, te recuerdo, el que, imagino, te sigue pagando, y muy bien, por cierto) haga un primer tiempo medio decente. Y no. Tampoco fue ayer el día, para variar. Si, hombre, sí. Las Palmas dominó este periodo, sí, pero, salvo el carrerón estratosférico que se pegó Correíta para sacarle un balón a Jairo que olía a gol visitante por todos lados, a poco de comenzar dicho periodo, en lo demás estos canarios fueron más inocentes que una aparición de Santa Teresa de Calcuta en el Space de Ibiza (que encima, creo que ya ni existe, mira, otro templo a tomar por culo, como el Calderón).

Lo demás, lo de siempre, miles y millones de correteos de aquí para allá, una genialidad tuya en un taconazo que enviaste a la escuadra, otra buena internada del Niño cuyo remate cruzado salió lamiendo el palo, y de qué vas, puto San Blas. Al descanso … ¡Qué descanso!

La segunda parte la cosa cambió. El Cholo, muy acertadamente esta vez, quitó al apagado y tristón Koke (ánimo, vallecano), sacó a Carrasco (seguid dándole palos a diestro y siniestro, seguid, malditos), y el campo, una vez más, se volvió vertical hacia la portería defendida por Chichizola). Joder … “Chichizola”. ¿de verdad alguien cree que con ese nombre se puede ser un guardameta de garantías? Amos, no me jodas …

Así que bebimos de nuestros orígenes, el espíritu de Luis se impregnó en todos vosotros, y empezaron a funcionar las contras como en nuestros mejores tiempos. Eso sí, Las Palmas, un equipo hermano siempre. Su afición son muy buena gente. Su tierra, altamente colonizada por Atléticos de pura cepa. Y sus jugadores, grandes asistentes para formar nuestros contragolpes. El primero fue tuyo, sí. Juanfran le roba la cartera a Castellanos, te da un fantástico pase, y tu bates picando el balón con maestría al picachichi ese (al final, acabaré esta crónica cachondo de nuevo, verás). Después fue Saúl, que te cedió otro excelente balón, cuyo remate de cuchara tuyo se estrelló también en el palo. Más tarde, entre tu y Correa conseguisteis que, aprovechando otro regalito made in Canarias, ocurriese un flashback  en el tiempo, convirtiendo a Fernando Torres de nuevo en un Red más (probablemente imaginó que el pase se lo dio el gran Steve Gerrard), se deshizo de su marcador adelantándose el balón en velocidad, y remató de primeras un obús flipante que batió al pornoportero ese. Por momentos, Fernando levantó la cabeza, miró hacia el Frente, y se imaginó a la Kop celebrando su tanto con el mismo entusiasmo con que lo celebró la muchachada del Fondo Sur. Mira que siempre te lo digo, Fer. Cuanto menos piensas, más mágico y fantástico eres. ¡Fernando Torres, lololololo!

Y al final llegó otro más, en una muy buena acción de Vitolo (otro regalito de sus ex compis mediante) que Carrasco condujo con su velocidad característica (es decir, como una puta flecha), cediendo el balón a Thomas (y mira que es egoísta y chupón, oyes), para que, con algo de suspense (si llegas a fallar eso te cocino a la brasa, negro), lograse poner el tercer tanto en el marcador. La tarde quedó bonita. Y es que siempre mola el reencontrarte con un viejo amigo. Merci por el regreso, Monsieur Antoine.

EL CRACK DEL PARTIDO:

Al unísono, Torres vs. El Aparecido, sin olvidarnos del buen hacer de Gabi y de Correa,  añadiéndole buenos minutos de Vitolo.

LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO:

Yo no vi tan mal a Koke, así que dejo esta sección en conjunto vacío esta semana.

ÁRBITRO:

Álvarez Izquierdo. Para una vez que no me desquicia el susodicho, va y lo hace un linier infame que tuvimos, especialmente en la primera parte. Nos quitó al menos 3-4 manos a mano, uno de ellos, especialmente sangrante, al encontrarse ¡2 jugadores canarios! Casi ¡Un metro más atrasados que nuestro Griezmann! Ver para creer …

TERMÓMETRO ROJIBLANCO (2 GRADOS).

Ni de puta coña lo voy a subir por esta victoria, vamos … Dense una ducha fría los que piensen en ello.

Y, el domingo, el Valencia. Pero hoy paso de los ches, que estoy muy contento. Ayer, se demostró que a la quinta va la vencida. Uno, que ha sido muy del mítico Magariños. Uno, que también fue del antiguo palacio de deportes de Madrid, y que vivió en situ el mayor y más grande ambiente jamás visto en favor del Atleti, siendo precisamente en un partido de balonmano, palmando contra esa máquina supersónica denominada Metaloplástica. Uno, que también fue de Vista Alegre, con aquel extraño sucedáneo con que nuestros delincuentes quisieron hacer negocio tras apoderarse del Ciudad Real. Uno, en definitiva, que ha sido de Cecilio Alonso, de Lorenzo Rico, de Urdiales, de Juanón, de Luisón, de Aguinagalde, de Juan de Dios Román, de Chechu, de tantos y tantos otros que tanta gloria nos ha dado a los Atléticos, que ama a este deporte tanto o más que al propio fútbol, deporte noble, sano, de hombres de verdad, de tíos como camiones que se respetan aunque se den unos mamporrazos impresionantes, peña que no se tapa la cara para hablar ni con sus compañeros, que dejan que graben las instrucciones de los entrenadores en los tiempos muertos sin tanta papanata ni tana ceremonia, ayer disfrutó como un puto enano con la aplastante victoria de los HISPANOS. ¡LARGA VIDA A LOS HISPANOS! ¡LARGA VIDA AL BALONMANO!

24 de enero de 2018

Sevilla 3 - Atleti 1. Frena velocidad, que no lo entiendo.


De primeras, felicitar al rival por su pase a semifinales. Ha sido superior, ha pasado justamente. Tácticamente ha realizado una eliminatoria impoluta, ha jugado con mucha inteligencia en ambos encuentros y, especialmente, nos ha superado en algo que nunca nadie debería hacerlo: en entusiasmo.

Desde el primer instante del comienzo de la misma, desde que les vi conjurarse en la grada del Metropolitano en el partido de ida, he tenido todo el rato la impresión de que al Sevilla le apetecía más la eliminatoria que a nosotros. Eso, por un lado, me mola. Da magnitud a todo lo conseguido por el Cholo. Para ellos ha sido la eliminatoria de su vida, que es como hay que afrontar este tipo de partidos, por otro lado. No hay más que ver cómo estaba ayer el campo y el ambientazo que había. No sé hasta dónde llegarán y me importa una mierda, dicho sea de paso, pero la realidad es la que es. Dicho todo esto, me produce una enorme tristeza y decepción que no seamos capaces de conseguir y, ni siquiera, igualar, ese entusiasmo. Porque, señores, que nadie se engañe, el Atleti sin entusiasmo, no es nada. Por muchos jugadores que manguemos a los rivales. Sencillamente nada. Y así se está demostrando este año.

No creo que sea momento tampoco de crucificar a nadie, aunque va a ser muy jodido llevar el resto de temporada. El invierno va a ser duro de pelotas, ya les anticipo. Por eso, nuestra motivación debe ser la de que somos del Atleti, y no le podemos abandonar. Entre el nuevo campito y la escoria del palco nos va a costar, pero es lo que hay. Nunca ha sido fácil ser colchonero, y nunca lo va a ser (menos, para los que hemos mamado otro Atleti mucho más humano, mucho más auténtico y, sobre todo y principalmente, NUESTRO), así que toca tirar de fibra propia. Cada uno que investigue dentro de su corazón y encuentre la razón de seguir apoyando a este equipo. Que busque en la ilusión con la que iba cuando marchaba hacia el Calderón con toda su familia y su mamá de la mano. Que bucee y recuerde con cariño todos esos primeros rostros que respiraban Atleti por los cuatro costados. Que recuerde viajes, anécdotas, alegrías, tristezas. Que piensen en todas las personas que hemos podido conocer, en las amistades logradas, en el concepto de camaradería que se hemos conseguido engrandecer cada uno de nosotros … Que tiren de sentimiento, vamos. Si son auténticos colchoneros, saldrán adelante.

Del partido no voy a hablaros tampoco en exceso, salvo que, a un equipo serio y demás, no te pueden clavar un gol (golazo) a los 24 segundos de juego de la primera parte, y anotar otro a los 2 minutos de la segunda parte, aunque sea de un penalti, cuanto menos, discutible. En una eliminatoria de Copa, no. Sencillamente no. Cuando te juegas todo a una carta, ni de puta coña. Eso sí, al menos, el resto de la primera parte se jugó con valentía y competitividad (golazo antológico de Griezmann incluido, única aparición del francés en toda esta competición, dicho sea de paso). Se tuvieron ocasiones, se lució orgullo y se demostraron hechuras de lo que somos, equipo grande.

La segunda fue un desastre total, una auténtica exhibición de impotencia, gol cantado fallado por Correa incluido (aunque, con el argentino, nunca se sabe realmente hasta qué límite puede llegar a expresarse dicha definición de “gol cantado”, tengo la impresión de cada vez puede lograr escalar un peldaño más). El Atleti que siempre detesto ver, hasta el punto de que, con el tercer tanto, no aguanté más y me piré a acostar. No estoy orgulloso de lo que hice, pero es lo que me pidió el cuerpo en ese momento.

Así que llega tiempo de reflexión. Repito, tengo un montón de críticas (deportivas, sociales, estructurales) y de muchas cosas que considero que no se están realizando bien, pero no creo que sea el momento de encender el ventilador e ir soltando mierda de aquí para allá. La forma en que se está llevando este Club, desde todas las instancias del mismo, hace que se me escapen demasiadas cosas, no comprenda demasiadas historias, y, aparte, ya no voy teniendo edad para este tipo de disgustos. Demasiado vértigo. Frena velocidad, que no lo entiendo.

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