23 de mayo de 2018

Atleti 3 – Marsella 0. El viaje que quise volver a hacer y no pudo ser.



“Seguramente la rabia de no poder revivir mi viaje a Lyon en el 86, haya sido el que me ha terminado de bloquear por completo a la hora de escribirles algo, así que le he pedido a mi Amigo Don Pablo Mármol que me escribiese unas líneas por mí, así que … ¡A disfrutar tocan, Señores! (y muchas gracias por su inestimable colaboración, Don Pablo)”

Me pide don Dueño, está el hombre muy mayor y necesita mucho reposo, que junte unas letras para hacer una casicrónica del viaje a Lyon. Así que lo siento por ustedes, sus lectores, pero no me echen la culpa. El verdadero culpable es el haragán del termómetro.

Siempre que nos clasificamos para una final, nos invade inicialmente una sensación de pánico sobrecogedora. Varias son las preocupaciones que nos agobian año tras año, final tras final. ¿Nos llegará la entrada? ¿Tendremos dinero para el avión? ¿Habrá hoteles disponibles y a buen precio? Ahí es donde salimos triunfadores los que no tenemos medios, pero sí años, ya que no debemos preocuparnos por nada de lo anterior. Autobús y manta.

En nuestra Peña nos lanzamos al vacío, sin red, y decidimos poner un autobús, cubriendo unas cuarenta y cinco plazas, para nuestros socios y amigos. Este planteamiento inicial varió un poquillo y nos fuimos a dos buses petados. Vamos, que se nos fue de las manos. Se pudo y se debió poner un tercero (fue mucha la gente que no consiguió entrada hasta el viernes), pero nos asustó la masiva acogida que tuvo el viaje y la poca infraestructura con la que contamos, teniendo que dejar a baste gente fuera de nuestro viaje y derivarlos a otras Peñas. Honor a todas la Peñas Atléticas.

A las 20:00 de la tarde del martes emprendimos camino a Lyon. Nos esperaban 18 horas de viaje. La bodega bien surtida, con 36 cajas de cerveza por cuenta de la Peña, agua (lo juro) y neveras varias, hacía presagiar pocas paradas. Error. Se hicieron las paradas de rigor, ni más ni menos que las necesarias (a pesar de las quejas de los conductores, que decían que no íbamos a llegar nunca), y así fueron pasando tarde, noche, madrugada, mañana y mediodía, hasta que llegamos a las 14:00.

Poco estuvimos en Lyon. Tampoco se nos había perdido nada. Apenas dio tiempo para tomar unas cervezas (¡qué cerveza tan mala tienen los amigos!), saludar a los hermanos, contar las batallitas del viaje y desandar lo andado, para poner rumbo hacía el estadio. Hago aquí un inciso para decir que, visto lo poco que habían preparado en la Place Carnot (ya no pintamos como antes), donde nos ubicaron, casi podían haber preparado unas barras en el estadio y la hubiéramos tomado un par de horas más. 

Como suele pasar, todas las medidas que dijeron se iban a tomar no las tomaron; y, a la gran mayoría, ni nos pidieron DNI, quitaron mochilas, mecheros, etc., etc. Ubicados ya en el campo, en una inferioridad de gente (5 à 1) y de medios (decenas de bengalas, banderas, …) abismal, apenas pudimos oponer un tifo emocionante, nuestros colores y nuestra voz. ¡Pero qué voz! Pocas veces hemos animado tanto y tan bien en una final (si el FA está junto, detrás de la portería, es imbatible). El que llegaran las entradas a todo el mundo, hizo que viajara sobre todo gente joven, dispuesta a morir por ti, Atleti de Madrid. Y no sólo se plantó cara, se goleó en las gradas (como en el campo). Defraudaron los marselleses, con mucha bengala, pero con poco ánimo. Honor al Frente Atlético y a todos aquellos que se dejan el alma en la grada.

Del partido, poco que comentar que no hayan visto. Diez primeros minutos de apuros, sabedores los franceses que de no adelantarse no tendrían nada que hacer; y, a partir de ahí, en plan tractor, se fue barriendo a los franceses del césped. El partido del Atlético fue un partido gigante, sin concesiones a la galería, pero sin piedad con el rival, que sólo pudo oponer las patadas que el árbitro les permitió. Con Gabi al mando, Griezmann de ejecutor y el resto a un nivel magnífico, vivimos una plácida tarde-noche. 

Tras el pitido final estalló la merecida fiesta atlética. Una fiesta que se vivió con la pasión y la emoción que exige un título. Faltaba mucho morrofino para poner peros a la celebración, pero los chavales estuvieron enormes. Gente con abonos por encima del 60.000 pudo viajar y disfrutar. ¡Ojalá, al año que viene, por estas fechas, puedan conseguir entrada! Honor a los cachorros.

Ya sólo quedaba volver a Madrid, pero los que subimos por carretera no teníamos mucha prisa por enjaularnos nuevamente. Esa cerveza post-partido, después de un título, es el momento más salvaje que hay durante la temporada. Peeeeeero, había que montarse en los bus, y como siempre buscamos superarnos, conseguimos establecer una nueva marca a la vuelta: ¡19 horas! A las 19:30 del jueves (casi 48 horas después, 37 en bus) llegábamos a Madrid con mucho cansancio, mucha resaca, pero con la satisfacción del deber cumplido.

ATLETI FOREVER.

4 de mayo de 2018

Atleti 1 - Arsenal 0,. Y volver a disfrutar ...


El primer día de previa de verdad. El primer día de botellón como los del parquecito. El primer día de grandes reencuentros con mi gente de Carabanchel, de recuperar sensaciones, de bengaleo, de cánticos, en el que me duele la garganta, de dulce resaca. Día grande, en el que, al fin, parece que ya se van recuperando los auténticos tifos que se curran los Tifomakers. El primer día de animación brutal, de presenciar los últimos 5 minutos todo el estadio en pie dando nuestra vida al equipo por aguantar hasta el final.

El primer día en el que recuperé la sensación de volver a ser una familia en la grada. El primer día de abrazos, de besos, de lágrimas. De descojonarme con mi zona en el campo (entre el de atrás que es un fumeta de maría compulsivo, y el de abajo que no para de darle a un puto vaporizador de esos con olor a melocotón, parecía que andaba viendo el encuentro en altos hornos Vizcaya, lo menos). Aún así, son muy grandes, aunque ninguno como el hombre que está a mi izquierda, un tipo que viene de Aranjuez a todos los partidos (y me quejo yo de Carabanchel, ja). Es una sobredosis total de ser un Atlético genuino.

El primer partidazo de fútbol pero de verdad. De tumba abierta por parte de ambas escuadras. De un grandísimo Atleti, que se dejó el alma en cada rincón del Metropolitano, y realizó un espléndido partido, frente, por qué no decirlo, a un estupendo rival, que, sin llegar a tener ocasiones claras (recuerdo un solo paradón de los suyos a Oblak), pero tampoco se rindió jamás, fue fiel a su estilo de juego, y tuvo siempre sensación de peligro.

El primer día en el que un majestuoso Thomas me ganó como lateral. No es, sin embargo, el primer día en que el que Don Diego Godín da un recital como el mejor defensa del mundo que es, tal y como lo demostró ayer. Y la dupla Giménez-Lucas me pone muy, muy cachondo para el futuro.

Aunque, hablando de recitales, el que dio Don Diego Costa. Probablemente, el primer día en que le perdoné su puta tarjetita de rigor de siempre. Ganó todos los duelos individuales, fue una pesadilla constante para el equipo rival, un auténtico búfalo desatado, metió un golazo de bandera, tras espléndida asistencia de Griezman, robo anterior del pulpo Thomas. Es un jugador sencillamente diferente. Tenemos que tener claro que una parte de cada temporada la perderemos entre sanciones y lesiones, pero lo que juegue, sencillamente, hay que deleitarse con él y disfrutarle a tope. Al igual que con el de Antoine (hacen una dupla genial).

Decididamente, somos como un bocata de polvorones para los rivales. Los desesperamos hasta decir basta. No saben cómo meternos mano. Estamos consiguiendo el que el defender sea también un arte. Pero defender así … Mordiendo arriba. Ese es nuestro auténtico Atleti. Un día inolvidable. Nos vamos a Lyon, desde el Calderón, porque ayer fue, por primera vez desde que estamos en el nuevo campo, en el que aprovechamos las condiciones del Metropolitano para invadirlo con el espíritu indomable del Calderón. Y volver a disfrutar …




9 de abril de 2018

Vikingos 1 - Atleti 1. 5 de 5.



Mucho mérito tiene ser el equipo que lleva mejor racha consecutiva de visitas en el Bernabéu. Tres victorias más dos empates, conseguidos, estos últimos, en cuanto nos dio por apretar un poquito. Algunos podrán pensar que podríamos haber hecho más. Seguramente estén en lo cierto. Lo cual no es óbice para destacar que lo logrado vale su peso en oro.

Derbi sin la tensión de antaño. Lógico. Es lo que tiene el andar jugándose semifinales y finales de Champions casi todos estos últimos años entre sí. Es muy jodido superar tanta tensión como en dichos encuentros. Y éste de Chamartín, que tenía buena pinta por su ubicación en el tiempo, perdió demasiada esencia al no tener la importancia que debieran los puntos disputados.

Aun así, fue un derbi cuanto menos, disputado, y, a ratos, bien jugado por ambas escuadras. El Madrid tuvo una de sus clásicas salidas en tromba, pero se toparon, principalmente, con un gran trabajo defensivo por parte rojiblanca, y con un espectacular Oblak, que salvó un remate a bocajarro a poco de comenzar el encuentro tras el remate de un jugador rival con el estómago,  para posteriomente hacerle también la noche a Varane en otro remate a bocajarro que tapó a la perfección. Añádenle dos largueros casi consecutivos, de Asensio y de Marcelo, y ahí tienen todo el peligro local en este primer periodo. Ciertamente, no es poco, pero  oigan, es que andamos jugando donde andamos jugando. En el fondo, era bastante previsible todo.

El último cuarto de hora, sin embargo, el Atleti empezó a desperezarse, y tuvo una buena oportunidad Diego Costa (le sigo viendo demasiado pesado, como con excesiva carga de trabajo en sus piernas), pero decidió rematar él directamente en vez de ceder el balón a Antoine (de lo mejorcito de la noche), que andaba solo en el segundo palo, despejando el balón Keylor con relativa facilidad. Y pudimos haber tenido aún otra excelente ocasión cuando Vitolo marchaba solo hacia el marco contrario, tras una fantástica asistencia de Thomas, pero descubrimos una nueva norma que se ha estrenado este año en el Bernabeu. Ojito, que si sales un metro más atrás de tu propio campo a por un balón en profundidad, te pueden pitar también fuera de juego. Qué cracks estos vikingos, siempre innovando.

La segunda parte comenzó más igualada, pero un perfecto centro de Bale al segundo palo fue rematado por un jugador local cruzando el balón de forma inapelable ante el inmenso Oblak. Minuto 8 de juego.

Así que el Atleti llamó a filas, tocó al orden, y, prácticamente, cómo y cuándo quiso, logró empatar sin mayores complejidades, tan solo cuatro minutos después, en una buena combinación entre Vitolo y Griezmann, que supuso que este último anotase el gol del empate final. Fueron 20-25 minutos con un Atlético a un gran nivel, y que aún gozó de otro par de excelentes oportunidades, una de Koke a bocajarro que le sacó espectacularmente Keylor Navas, y otra de Correa que al final se diluyó como un azucarillo en una taza de té caliente.

Poco más. De aquí al final, el Atleti, sorprendentemente, se terminó conformando con el empate, y el Madrid, lo intentó, si, pero no logró tener ninguna ocasión clara final, salvo una falta que lanzó Sergio Ramos y que respondió Jan con otra espectacular mano. Como era el noventa y pico, supongo que el iluminado éste pensó que sería otro día de fiesta. Claro, hombre, claro. Y qué más Yo en el fondo, te doy las gracias, porque temía bastante más el lanzamiento de Bale que el tuyo propio. Así que, reitero. Choca esos cinco, chavalote. Ahí. 5 de 5, y subiendo.

EL CRACK DEL ENCUENTRO:
Espectacular Thomas, muy bien Griezmann, bien la defensa en líneas generales, y Cum Laude para Oblak. Nuestro auténtico crack total.

LA DECEPCIÓN DEL PARTIDO:
No me gustó nada Vitolo, y tampoco demasiado Diego Costa, al que sigo viendo como si en vez de piernas llevase 20 kilos de longanizas en cada lado. Muy muy pesado.

ÁRBITRO;
Estrada Fernández. Como ya les he comentado, estrenó la nueva norma del fuera de juego saliendo uno desde su propio campo si el tema perjudica a quién perjudica. Qué máquinas son estos tíos. Se reclamaron 3 penaltis en nuestra área. En el primero, es el atacante el que pisa a Juanfran, y no al revés. El segundo de Lucas sí que me causa bastantes dudas, la verdad. Pudo serlo. También hubo un golpe de Godín sobre el rostro de Lucas Vázquez que, si bien el uruguayo no ve la posición del delantero, si a Estrada le da por señalarlo algo de razón pudiese haber tenido en señalarlo. Menos mal que fue un derbi tranquilo en el aspecto de los jugadores, y apenas hubo roces, piques y demás …

TERMÓMETRO ROJIBLANCO (+4 GRADOS).
Lo dejo como estaba. Empate de obligado cumplimiento.

Y el jueves, a rematar la faena en Portugal (buen follón tienen montado los del Sporting éste). “Gabriel Fernández, a tu lado yo estaré”.

6 de abril de 2018

Atleti 2 - Sporting de Portugal 0. El mal de Jan.


Quién me iba a decir, cuando marchaba caminando plácidamente desde el currele hasta el Metropolitano, con mi cervecita de la mano, que toda la jartá de seguidores portugueses que me crucé por el camino, animosos a la par que ruidosos como pocos, se iban a convertir en simples figurantes que ocupaban buena parte del fondo norte. Os juro que no he salido del estado de shock. Escuché mucho más a los 200 animosos rusos en la anterior eliminatoria que a los tres mil y pico del Sporting ayer. Nunca supuse que encajar un gol a los 23 segundos pudiese dejado tan paralizada a tanta gente. Ayer ocurrió en Madrid.

El regalo (porque encajar un tanto en tan ínfima cantidad de tiempo es eso, siempre un regalo) nos lo proporcionó un tal Coates, que regaló un balón a Diego Costa, que esperó perfectamente la llegada desde segunda línea del estupendo Koke (partidazo el suyo ayer, todo un recital) para dejarle solo ante la salida de Rui Patricio y batirle con suma frialdad. La noche empezaba mágica, y el estadio explotó de felicidad. Por su parte, los figurantes del Fondo Norte quedaron completamente petrificados.

Así es como sale un equipo que aspira a todo en esta competición, frente a otro que tiene por defensa a la banda del tabaco. Eso sí, los visitantes se desperezaron un poco, hasta el punto de que un tal Gelson Martins empezó a poner a prueba al bueno de Oblak. Se plantó, solo, solito, solo, pero finalmente le entró el mal de Jan: le intentan batir, pero solo le ven a él. Otra mano prodigiosa que nos salvó. No se cansa este hombre nunca, macho.

Afortunadamente para nuestros intereses, la pandilla del tabaco atacó de nuevo. Esta vez le tocó el turno a Mathieu, que marró un balón sencillo para que Antoine, tan trabajador como desapercibido hasta ese momento del encuentro, pusiese el 2-0 en el marcador. El Metropolitano otra vez patas arriba. Los figurantes, mientras, a lo suyo: impertérritos en su estado de hibernación. Qué puta decepción de hinchada, por Dios. Ver para creer.

En la segunda parte al Sporting ya se le vio algo más, o, mejor dicho, se le “notó” su presencia, especialmente por la cantidad de coces que empezaron a repartir sin ton ni son, comandados por el almirante Ducados, la rata vikinga del Coentrao ese. Por nuestra parte, Costa no aprovechó otra maravillosa asistencia de Koke, y cuando se plantó solo delante de Rui Patricio, tuvo tanto tiempo para pensar, que al final se perdió en su mundo, y Rui Patricio le robó el balón con la misma facilidad con la que la Cifuentes se saca un Máster. Diego ya no levantó cabeza en todo el partido, desaprovechando también otra excelente internada suya por banda, en la cual terminó quedándose sin ángulo, no pudiendo hacer finalmente más que estrellar el balón en la meta protegida por el guardameta del Sporting. No fue su noche, pero sí que su despliegue físico fue espectacular. Casi igual de espléndido que la segunda parte de Griezmann, que se echó al equipo encima junto con Saúl y el propio Koke.

Leo por ahí que el Atleti no jugó bien. A me pareció más bien al contrario, cuajó un más que potable encuentro, dentro de las características de nuestro juego. Por gustarme, lo hizo hasta el tosco de Savic, mucho más entonado y concentrado que en anteriores veladas. Eso sí, tuvo que ser el de siempre el que pusiese la guinda final, cuando ya, quién más, quien menos, empezaba a hablar de que mira lo que vale un viaje para allí, de que dónde se come bien por allá, de que si el Frente está organizando un desplazamiento monstruo (aplaudible, una vez más, su defensa a ultranza de nuestro Escudo, esta vez, eso sí, bastante poco secundada por el resto del campo), hasta que, en el eso del noventa y pico de juego, le queda un balón frontal de esos que disparas con todo el alma a Bryan Ruiz, a ciencia fija que así lo ejecutó el jugador portugués, respondiendo Oblak con otra escalofriante parada. No la pudo atajar, quedándose el rechace muerto para Montero, cuyo disparo a bocajarro, logró despejar la sombra de Jan, o su espíritu, o su sola presencia al tenerle frente a frente, qué se yo. Montero no se lo explica todavía. Yo sí. Por el que tenemos que hacer el máximo esfuerzo por retenerle, por encima de todos y de todos, el bueno, de verdad, es Oblak. Montero también fue contagiado, al igual que a Bryan, Gelson, Lucas la semana pasada y demás. La enfermedad empieza ya a preocupar a todo el mundo. El mal de Jan.

Mientras tanto, cuentan la leyenda que los figurantes no eran tales, sino humanos (o volvieron a su condición humana, más bien, aunque en unas condiciones no muy allá). Son tan bobos, que parece ser que se terminaron peleándose entre sí. En fin. A los que se desplacen para allá, parafraseando al gran Steven Boscho (dep) …”Tengan cuidado ahí fuera”.

2 de abril de 2018

Atleti 1 - Depor 0. Ni Resurrección, ni fútbol.



No será porque no lo intentó el Depor, extraño antepenúltimo en el campeonato ligero tras el juego que desplegó ayer en Madrid, pero si hay algo que le gusta al Atleti es precisamente eso: divertirse al borde del abismo, como un malabarista que juega sobre una cuerda en alto pareciendo que anda apunto de caerse, pero que al final consigue su objetivo de terminar de cruzar el cablecito hasta el otro lado del mismo. Disfruta así. Bueno, nos suele salir bien (Eibar, Betis, ayer mismo) pero también, de vez en cuando, mal (Espanyol, Vila-Real). Si jugase algún rato de vez en cuando al fútbol, igual nos divertiríamos más un poco.

Y el caso es que el partido empezó cachondo: un Depor sorprendentemente valiente, a pesar de su clasificación liguera (o no, ven el abismo tan cerca que ya saben que no tienen nada que perder, porque anda ya, de hecho, prácticamente todo perdido), con un buen Atleti comandado con un espléndido Koke. Un partido trepidante, un toma y daca constante.

Los gallegos tenían claro que tenían que atacar por la banda del debutante Isaac (personalmente, no me gustó nada el chaval en defensa, fue un coladero constante, aunque en ataque tuvo más presencia, que no efectividad), y como las retaguardias se las hacía un tal Savic, pues el chollo fue continuo. En la primera, nuestro entrañable Señor de la Uña le cedió gentilmente un balón que dejó tan solo a Lucas Pérez, que al final no se terminó de creer la ocasión pintiparada que se le presentaba y, ante la seguramente gigantesca presencia de Oblak en la portería, hizo que nuestro guardameta se vistiese de Sterbik para sacar el claro mano a mano cuando el gol se cantaba (por quien se cantase, que el público andaba a otra cosa, sorprendentemente, al fin, reivindicativo con recuperar nuestra principal seña de identidad: “EL ESCUDO, NO SE TOCA”. Probablemente, sea consecuencia de que el pescado ande ya todo casi vendido, pero oyes, sea por lo que sea, bienvenido sea. Más vale tarde que nunca. Gracias, chavales del Fondo Sur).

Pero, poco después, en una falta lanzada por Gabi, a eso de la media hora de juego, Mosquera agarró levemente a Saúl, y nuestro canterano hizo el resto. O más bien el Señor Trujillo. O su linier. Quién sea. Gol del resto de la noche imperceptible Gameiro, y 1-0 que te crió.

Quien más, quien menos, pensamos en hecatombe gallega. Equivocados. Nuestras neuronas andaban con empacho de torrijas, porque nada de eso ocurrió. De hecho, en una salida vendimiera de Oblak, Mosquera, solo, solito, solo, en el segundo palo, y con toda la portería para él, la echó fuera. Fue más difícil lo que hizo que lo que, entiendo, quiso realmente hacer. Bastante más difícil.

Afortunadamente, a partir de ese instante a Gabi se le hincharon las pelotas de que la banda que protegían Isaac vs. Savic fuese el puto coño de la Bernarda, y logró cerrar con su enorme despliegue defensivo este resultado hasta el descanso.

En la segunda, el martirio persistió. El Depor siguió a lo suyo. Que lo intento, que lo intento, que lo vuelvo a intentar. Nosotros, a lo nuestro: que el pobre Godín se multipique sacando balones a go-gó, convirtiéndose en la Costa de la muerte gallega, o que Lucas (el nuestro, el bueno, no el feo) protagonizase la jugada de la noche, dándose un carrerón impresionante para robarle la cartera en el último instante a un tal Borja Valle. Seguro que el chaval no olvidará esta jugada jamás. Los que presenciamos el partido, tampoco. ¿Dónde anda el techo de Lucas? Empieza a dar miedo pensarlo.

Hablando de miedo, Diego Costa intentó crear el suyo, con su presencia en la segunda parte. Generó peligro, tuvo un buen par de acciones individuales, pero el Depor no se achicó, y, aunque no tuvo ocasiones claras reales en este segundo periodo (salvo la ya mencionada de Borja) la sensación de peligro al borde de nuestro área no nos abandonó en ningún instante de este domingo de Resurección, que, en realidad no fue tal para el Depor. Y de fútbol ya ni hablamos. Ni Resurrección, ni fútbol.

EL CRACK DEL PARTIDO:
Yo tengo un cariño muy especial por Adrián, un tipo maravillosamente diferente (tanto para lo bueno, como para lo malo). En mi retina tengo grabadas acciones maravillosas con la rojiblanca puesta, y goles importantísimos a la par que excepcionales. ¿Por qué no ha llegado más lejos? Porque él es así. Y los que le apreciamos, le queremos tal y como es. El mejor deportivista ayer, en mi humilde opinión. En el Atleti, me quedo con el imperial Godín, con Lucas, con el tal Oblak ese, y los bemoles de Gabi. Casi que también con lo de siempre, vamos.

LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO:
Lo de Savic ya no sé cómo explicároslo. No es que ya sea un pésimo defensa (que lo es) sino que es uno de los jugadores más limitados tanto técnica como en situaciones técnicas defensivas que he visto en mi larga experiencia con los Gil al frente. Y anda que no les puedo poner ejemplos de espantapájaros esperpénticos ahí plantados. Hasta decir basta, vamos. Tampoco me gustó mucho el chaval Isaac, aunque, obviamente, tendremos que tener paciencia con él. Mientras, Correa, a lo suyo. En otro de sus días difíciles. A ver si el Cholo o el Mono Burgos se estudian su calendario particular, y hacemos un cuadrante con él de cuando le toque jugar y cuándo no. Y podría poner alguno más, pero es lunes y ando con las pestañas medio en huelga de persianas caídas. De momento, paso.

ÁRBITRO:
Trujillo Suárez. Unos cañotes pagados a mi atención, por favor. Sí, le agarran a Saúl dentro del área. Si, el reglamento indica que es penalti. Sí. Este reglamento que se basa en fotogramas, en imágenes congeladas. El fútbol, señores, es otra cosa. Lo sé. Cada día ando más chapado a la antigua. Ya perdonarán. La puta edad …

TERMÓMETRO ROJIBLANCO (+ 4 GRADOS).

Ni de coña lo toco por ganar al penúltimo de la tabla, por favor. No me sean macabros.

Y el jueves, a pasar un rato divertido con nuestros amiguitos portugueses, que tan entrañables recuerdos nos traen. Esperemos completar un once de garantías. Yo que el Cholo, ni los sacaba a entrenar esta semana. “Poner la dirección, Rumbo hacia Lyon” …


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